El Suceso está adentro

El suceso está adentro
En tiempos vertiginosos, el mutismo y la inmovilidad aterra a primera instancia porque nos confronta con nosotros mismos, la otredad pasa a segundo término  sin poder desligarse del todo porque al final somos un sistema interrelacionado y codependiente, como una colonia de bacterias o un arrecife de coral.

Georges Perec decía que la tragedia se convirtió en Suceso, y que por lo tanto se da por hecho que sin tragedia no se piensa en trascendencia,  por ello planteaba poner mayor importancia en lo cotidiano, lo que comúnmente se cataloga como intrascendente, y que paradójicamente es lo que más consume nuestra vida. El escritor francés no pretendía descontextualizarlo ni llevarlo a nivel de Suceso, sino por el contrario,  pretendía conferirle un valor estético y de mayor relevancia  en nuestra vida. Esta reflexión viene a colación por el confinamiento voluntario o involuntario que a nivel global estamos llevando a cabo a causa de la pandemia del COVID19, de repente tenemos que mirar hacia adentro como ejercicio de introspección que empieza desde la propia morada. Uno es su casa, sus objetos, su ambiente, su sillón y todo ello tiene detrás de si un rastro poético que puede hacerse visible ante nuestros ojos tal como lo registro André Kertész, en sus últimos años fotografiando el paso del tiempo en el interior de su apartamento en Nueva York.

Comúnmente se piensa que el tiempo fluye a un mismo ritmo para todos, pero experiencias como la de Kertész muestra que la corriente continua de sucesos que experimenta nuestra conciencia en el exterior (sobre todo de las grandes urbes) es una ilusión frágil, tejida en nuestro cerebro racional y nuestro comportamiento colectivo.

Y es que en tiempos vertiginosos, el mutismo y la inmovilidad aterra a primera instancia porque nos confronta con nosotros mismos, la otredad pasa a segundo término aunque sin poder desligarse del todo porque al final somos un sistema interrelacionado y codependiente, como una colonia de bacterias o un arrecife de coral.

Al pasar los días sorprendentemente el Suceso, visto en informativos que replican hasta el paroxismo la desgracia, silencian su voz, se normalizan y diluyen su halo extra-ordinario, mientras que paradójicamente empezamos a descubrir la sonoridad y presencia de lo alguna vez invisible y cotidiano, una fuga de agua, la mosca atrapada, lavarse las manos, el placer y refugio de mirar por la ventana un árbol, un peatón de paso apresurado. Eventos que se suceden día a día y que poco a poco van dando forma a una realidad de confinamiento presente.

Una semana después nos percatamos de las grietas en el techo, el taconeo de una vecina, el olor a estofado de la cocina de  al lado y nos tranquiliza de alguna manera. La televisión siempre encendida, rumiando aún el Suceso, que se va transformado en ruido de fondo, un telón de cartón que es nuestro hilo rojo con un exterior  amorfo y poco distinguible,  que con el paso de los días pierde su estabilidad, su soporte.

Entonces las noches huelen a silencio, sólo interrumpidas por el sonido ahogado del televisor de algún vecino o por el paso de un coche que se consume poco a poco a la distancia, dando paso al vacío.

Pero en algún momento, tarde o temprano, lentamente nos sorprenderá la Normalidad, y Suceso y Cotidianidad regresarán a su forma. Una mañana sonará la alarma, volverá la inmediatez, la movilidad extrema, las búsquedas exhaustivas. El reloj de arena dará un giro y volveremos a ser medianamente ciegos, hacia adentro.

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Ehekatl Hernández

Ehekatl Hernández. Diseña, edita y a veces escribe. Twitter| Instagram.

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